Bienvenidos a la Cantina di Castelnuovo del Garda
Era 1958 cuando algunos de los mejores vinicultores de las tierras gardesanas decidieron unirse en una cooperativa para valorizar mejor la producción vinícola local.
Hoy, mas de 250 socios de la Cantina de Castelnuovo del Garda manejan mas de 1,100 hectáreas de viñedos, situados en un área de colina al sudeste del Lago de Garda, en las zonas de Denominación de origen Controlada, Bardolino, Custoza y Lugana y que comprende los territorios de Castelnuovo del Garda, Sandrà, Sona, San Giorgio in Salici, Palazzolo, Peschiera, Sommacampagna, Cavalcaselle, Colà, Lazise e Bardolino.
La hacienda transforma cerca de 180.000 quintales de uva, cantidad que proviene casi exclusivamente de los viñedos inscritos en el registro, de las respectivas DOC (Denominación de Origen Controlada), mientras el resto es destinado a la producción de vinos a Indicación Geográfica Típica.
Las operaciones de vinificación, afinamiento y embotellamiento se realizan en una estructura que se extiende en un área de más de 20.000 metros cuadrados, en la cual encuentra lugar un punto de venta directa, en el cual se pueden adquirir todos los vinos con marca de la Cantina.
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Nuestros viñedos se extienden por mas de 1.100 hectáreas, situados en un área de colina al sureste del Lago de Garda. La mayor parte de estos hacen parte de las zonas de Denominación de Origen Controlada Bardolino, Custoza y Lugana. Los territorios en los cuales se encuentran pertenecen a los Comunes de Castelnuovo del Garda, Sandrà, Sona, San Giorgio in Salici, Palazzolo, Peschiera, Sommacampagna, Cavalcaselle, Colà, Lazise e Bardolino.
Los terrenos, de origen morenica, sueltos y ricos de esqueleto, aseguran a nuestros vinos las notas características de frescura y perfume: las uvas son criadas en pérgola y en espaldera, con una densidad de implantes que van desde 3.300 para la primera y de 4.000 a 5.000 para la segunda.
La Cosecha 2007 en la zona de las colinas morenicas del Garda será recordada como una de las mejores en absoluto. El inicio de la primavera con temperaturas superiores a la norma, permitió una germinación anticipada de 15-20 días, mientras que el no retorno del frio y a continuación un comportamiento climático favorable a la fisiología de la vid han llevado a un ciclo vegetativo óptimo. Mayo y junio tuvieron una temperatura y pluviosidad ideal, julio fue bastante seco (problemática que se resolvió en las zonas de mas riesgo con irrigaciones) y muy soleado, agosto y septiembre, tuvieron escasas precipitaciones, que permitieron una maduración ideal y una vendimia si problemas.
Del punto de vista sanitario, el progreso estacional fue desfavorable para la mayoría de patologías fúngicas que afectan la vid, y aunque fue notable la proliferación de insectos dañosos, estos fueron controlados efectivamente con intervenciones normales.
Todo esto llevo a una vendimia con uva perfectamente sana, con grado de azúcar y coloración (en las uvas rojas) superior a la norma.
Con estos elementos inclusive la vinificación no presento algún tipo de problema: los vinos blancos tienen de hecho una expresión aromática muy intensa y compleja, con una estructura llena y elegante, mientras la buena maduración fenolica de las uvas rojas hizo que los vinos tengan una intensidad en su color muy buena y estable con aromas bien caracterizados.
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